no afirmes, te lo ruego, en uno mismo: es cinismo.
¿En el premonitor sopapo que recibe el recién nacido?
¿En el premonitor sopapo que recibe el recién nacido?
¿Acaso no presagia el lloro neonato una carcajada marchita?
Como tan divino juego de palabras advierto, me parto… de risa.
¡Vaya guasa llamar así a la inapelable sentencia que a morir nos condena!
Me aventuro a sugerir que existir no es absurdo, sino una broma de mal gusto,
en cuyo caso me consuela pensar a Dios –¡alabado sea!– adicto al humor negro.










